Nunca he Creído en Segundas Oportunidades

Nunca he creído en segundas oportunidades, porque si lo hicieron una vez es que hubo cabida para todo un plan y que lo más seguro tenga segunda parte. Si creo en el perdón, pero más creo en el karma, es que eso de andar perdonando no es para todo el mundo y tampoco siempre remienda el alma.
Te lo cuento porque esta es la segunda vez que dejo que me beses, porque la primera yo tampoco puse mucho de mi parte y no me gusta dejar historias a medias.
Te lo escribo porque, si me conozco, no te he contado que me anda rondando el pensamiento de alejarme porque por segunda vez me vuelvo a sentir tu cero a la izquierda.
Y no me mal entiendas, no es prisa, es que te dejé pasar para que tu tímido silencio hablara, y aún no escucho más que silencio y alguna que otra risa.

Me gustas, me gusta el escaso tiempo que paso contando y recontando las cuatro pecas de tu nariz y preguntándome porque escondes tu mirada en todos lados menos en la mía.
Y ahí está la manía de evadir las voces de los profesionales que han dicho que eso es característico de las mentiras.
Pero es que no pareces embustero, pareces un niño que le robaron los sueños y los anda buscando en el aire para entregármelos y al fin mirarme a los ojos cuando hablamos.
Y te di la segunda oportunidad sin creer en ellas, pero confiando en que sería la única manera de poder conocerme en ti y saberme humana otra vez,
aunque he tenido que amordazar la intuición, la razón, y todo lo que apunta a que el combustible no es suficientes para nuestro camino.
Que en esto los caminos son largos, y no sé si es mi impresión, pero lo tuyo, lo tuyo no es lo complicado.

Te beso, sí, porque quiero y se me apetece conocer tu introvertida forma de huirle a las mejores cosas porque sospecho que piensas como lo hice yo, que ser de nadie te salva.
Pero cuando me enteré que tenía un corazón que tuve que levantar del suelo todo estropeado, ese día entendí que el dolor también es un aliado,
que sin sus tajos yo no sabría que el amor viene disfrazado de mariposa para convertirse en oruga
porque decidió volar primero y le magullaron sus alas y no tuvo de otra que arrastrarse hasta el coraje de caminar aún con el alma rota.
Y no cambio el compartir con alguien los cantazos de la vida por ese ser de nadie que no deja heridas por una falsa comodidad.
Ahí no hay risas, o tal vez hay de más, pero sin aire, sin verdad, sin nadie.

Te doy mi segundo otra vez besarte, otra vez mirarte, pero esta vez con mi mano en la tuya, sin etiquetas porque no he sobrepasado tu zona de confort, porque no quiero arruinarte tu paso a paso.
Que ya sabré cómo alejarte de esa zona que no deja solo mas que una vida hueca, mientras me alejo yo también de sus almohadas de imitación de seda y mal hechas.
Solo espero que estemos a tiempo y que el alejarnos no sea de nosotros y sí de su mal aliento
y lograrnos en esta segunda oportunidad vernos con el corazón bien abierto y los ojos vendados de sueños para seguirlos y no tirarlos por el barranco del que intento sacarnos.
Así que sí, aprovecho tus besos, te remiro las cuatro pecas de tu nariz, te pongo a prueba mientras pruebo mi aguante
y luego te dejaré saber si me quedo, o te escriba, porque no soy capaz de decir adiós mirándote.

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